Los arrieros eran gente de la tierra, Aquellos que avanzaban sobre la Patagonia indómita, con los tiempos de la naturaleza, respetando sus condiciones. Libres de horarios, exentos de apuros. El viaje era el sentido, partir o llegar una circunstancia. Disfrutaban del placer de las cosas simples: un amanecer, la tibieza del sol, la frescura de la tarde, el desafío estremecedor del viento, el barro firme por la helada.

La filosofía es la misma, pero los tiempos han cambiado… Nuestros visitantes nos contactan por Internet, nos comunican cuándo vienen, definimos qué van a visitar, y tabla de mareas y pronóstico mediante organizamos el orden de las excursiones, priorizando los mejores días para cada actividad.

Nos gusta mostrar la naturaleza de la mejor manera: de cerca, mirando los animales a los ojos, detenidamente, consientes que no es un show, que así es la vida real de esos animales en libertad.

Nuestras excursiones transcurren distendidas, casi sin horarios, quedándonos más tiempo allí donde es más interesante. Somos pioneros descubriendo nuevos destinos que visitamos en soledad. Y cuando construimos agradables situaciones simplemente las dejamos fluir. Nunca nos habíamos imaginado que una puesta de sol sobre el mar podría despertar emociones tan profundas. No buscamos ser una empresa líder, ni buscamos ser los mejores profesionales. Solo disfrutamos con quienes nos visitan.

La hospitalidad y la amistad son inherentes a nosotros.